Las Apiaceae, también llamadas umbelíferas, son una familia de unas 3.700 especies de hierbas, arbustos y algunos árboles, reconocible por sus inflorescencias en umbela, sus tallos huecos y su olor característico. Es la familia de la zanahoria, el apio, el hinojo, el perejil, el cilantro y el comino, y también la de algunas de las plantas más venenosas de Europa.
Suculentas hay muy pocas. Prácticamente la única con verdadera suculencia que interesa aquí es el hinojo marino, Crithmum maritimum, una halófita de acantilados y roquedos costeros presente en todo el litoral español. El resto de la familia no almacena agua en tejidos carnosos, aunque muchas especies tienen raíces engrosadas que cumplen una función de reserva parecida.
Cómo se reconoce una umbelífera
Es una de las familias más fáciles de identificar de un vistazo, y a la vez una en la que la identificación a nivel de especie exige mucho cuidado.
- La umbela. Las flores nacen sobre pedicelos de distinta longitud que parten del mismo punto y alcanzan todos la misma altura, formando una superficie plana o ligeramente convexa, como las varillas de un paraguas. En la mayoría de los géneros la umbela es compuesta: cada radio termina en otra umbela más pequeña. De ahí el nombre antiguo de la familia, Umbelliferae.
- Flores diminutas, con cinco pétalos y cinco estambres, normalmente blancas y a veces amarillas, verdosas o rosadas. Individualmente pasan desapercibidas; el efecto lo da el conjunto.
- El fruto. Es un esquizocarpo que al madurar se parte en dos mitades, cada una con una semilla. Su forma, sus costillas y sus canales secretores son los caracteres que usan los botánicos para distinguir géneros.
- Tallos huecos y estriados, con nudos macizos.
- Hojas muy divididas, a menudo dos o tres veces, con la base del pecíolo ensanchada en vaina que abraza el tallo.
- Aroma. Casi todas contienen aceites esenciales en canales secretores, y por eso al romper una hoja o un tallo se libera olor. Ese olor es el que da valor a las especies de huerta y aromáticas de la familia.
El hinojo marino, la suculenta de la familia
Crithmum maritimum es una planta perenne de base algo leñosa que vive en grietas de roca, acantilados y espigones batidos por el mar, en todo el litoral mediterráneo y atlántico español y en las islas. Sus hojas son carnosas, cilíndricas y divididas en segmentos gruesos de color verde glauco, y su umbela es amarillo verdosa, en verano y principios de otoño.
Es una halófita en toda regla: tolera el suelo salino y el aerosol marino que quema el follaje de casi cualquier otra planta. Su suculencia cumple la misma función que en las plantas de marisma, diluir la sal que entra en el tejido. Y tiene un mecanismo de dispersión notable: el fruto es corchoso y flota, de modo que el mar lo transporta y lo deposita en otra grieta de la costa.
Su nombre común en español es hinojo marino o perejil de mar. En textos traducidos aparece a veces sin traducir, como rock samphire, que es el nombre inglés y no aporta nada. Tiene un uso culinario mediterráneo antiguo, encurtido en vinagre, y hoy se cultiva de forma comercial para restauración en varias zonas costeras.
Cultivar hinojo marino
Es una planta muy agradecida en jardines de primera línea de costa, precisamente donde otras fallan.
- Sol directo, sin excepción.
- Sustrato muy drenante, arenoso o pedregoso y pobre en materia orgánica. En maceta, mezcla mineral con gravilla o arena silícea gruesa.
- Riego escaso. Una vez establecida resiste largos periodos secos. En invierno, prácticamente nada.
- Tolerancia al viento salino, que es su gran ventaja frente a las ornamentales convencionales.
- Multiplicación por semilla fresca, que germina mucho mejor recién recogida que después de un almacenamiento largo. También por división de mata.
Un apunte importante: no se recolecta de los acantilados. Las poblaciones costeras están en hábitats protegidos en muchos tramos del litoral, con normativa autonómica que regula o prohíbe la recogida, y son además muy sensibles al pisoteo. La planta se consigue en viveros de flora autóctona y la semilla, de plantas cultivadas.
Azorella y los cojines andinos
Fuera de las costas europeas, la familia aporta otro grupo adaptado a la sequía extrema: el género Azorella, andino, que forma cojines compactos y durísimos en el altiplano y en la alta montaña. La llareta, Azorella compacta, crece a un ritmo tan lento que un cojín de gran tamaño tiene siglos de edad. No es una planta de jardín, y sus poblaciones han sufrido mucho por la extracción como combustible.
Su estrategia no es la suculencia sino el porte en almohadilla, que crea un microclima interior más templado y húmedo que el aire exterior.
Cuidado: aquí están las plantas más tóxicas de Europa
Este es el apartado que ningún artículo sobre esta familia debería omitir. Junto a las especies de huerta hay umbelíferas silvestres con toxicidad grave, y varias se parecen a plantas comestibles hasta el punto de que la confusión es una causa documentada de intoxicaciones.
- Cicuta, Conium maculatum. Toda la planta es venenosa. Crece en cunetas, escombreras y bordes de camino en buena parte de España, y su follaje recuerda al perejil.
- Nabo del diablo, Oenanthe crocata. Está entre las plantas más tóxicas de Europa. Vive en arroyos, acequias y prados húmedos, sobre todo en el norte y el oeste peninsular, y su raíz tuberosa se ha confundido con raíces comestibles.
- Perejil de perro, Aethusa cynapium, muy parecido al perejil de huerta.
La regla práctica es sencilla y no admite excepciones: no se recolectan umbelíferas silvestres para comer. Los caracteres que separan una especie comestible de una tóxica están en detalles del fruto y de las brácteas que requieren una lupa y experiencia botánica, no en el olor ni en el aspecto general de las hojas. Ante cualquier sospecha de ingestión, hay que acudir a un servicio médico o llamar al 112.
Quemaduras por contacto con la savia
Varias umbelíferas contienen furanocumarinas, compuestos que provocan fitofotodermatitis: la savia sobre la piel no hace nada por sí sola, pero al exponerse esa piel a la luz solar aparecen enrojecimiento, ampollas y, después, manchas oscuras que pueden durar meses.
El caso más grave es Heracleum mantegazzianum, la falsa acacia gigante o hogweed gigante, una planta enorme, de varios metros de altura, introducida como ornamental y hoy naturalizada en zonas del norte peninsular, sobre todo en la cornisa cantábrica y Galicia. Sus quemaduras son serias.
Heracleum mantegazzianum figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, lo que conlleva la prohibición genérica de su posesión, transporte, comercio y de su introducción en el medio natural. Si aparece en una parcela, no debe manipularse sin protección completa de piel y ojos, y lo procedente es avisar a la administración ambiental de la comunidad autónoma. En caso de contacto con la savia, hay que lavar la zona, protegerla de la luz solar y acudir al médico.
La chirivía cultivada y otras especies de la familia también contienen furanocumarinas en menor cantidad, motivo por el que conviene usar guantes al manipular grandes cantidades de follaje en días soleados.
Umbelíferas en el huerto y en el jardín
Al margen de sus cultivos clásicos, esta familia tiene un papel muy concreto en un huerto bien planteado: sus umbelas son de las flores más accesibles que existen para insectos de lengua corta. Sírfidos, avispas parasitoides y pequeños coleópteros se alimentan de su néctar y polen, y muchos de ellos son enemigos naturales de pulgones y orugas.
Dejar espigar unas plantas de cilantro, eneldo, hinojo o zanahoria en un rincón del huerto es una de las medidas más baratas y eficaces de control biológico por conservación, y encaja de lleno en el principio de gestión integrada de plagas que establece el Real Decreto 1311/2012 para el uso sostenible de los productos fitosanitarios.
Otra razón para tenerlas: las orugas de la mariposa macaón, Papilio machaon, se alimentan de hinojo, zanahoria y otras umbelíferas. Una mata de hinojo en el jardín es la forma más sencilla de tenerla cerca.
En resumen
Las Apiaceae se identifican por sus umbelas de flores diminutas, sus tallos huecos, sus hojas muy divididas con vaina y su aroma. Es la familia de la zanahoria, el apio, el perejil y el hinojo, y en ella la suculencia es rara: el hinojo marino, Crithmum maritimum, es prácticamente el único representante suculento del litoral español, una halófita de roquedo excelente para jardines de costa con sol, sustrato pedregoso y riego escaso.
Dos advertencias cierran el cuadro. Nunca se recolectan umbelíferas silvestres para comer, porque la familia incluye plantas de toxicidad grave que se parecen a especies de huerta. Y hay que conocer las furanocumarinas: Heracleum mantegazzianum, incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, causa quemaduras serias por contacto con la savia y exposición al sol, y no debe manipularse sin protección.