La familia Amaranthaceae reúne unas 2.500 especies repartidas por casi todo el mundo, y su rasgo más característico es la tolerancia a la sal: aquí están las suculentas de marisma, esas plantas de tallos articulados y carnosos que tiñen de rojo los saladares en otoño. Es la familia con más halófitas suculentas del planeta, y en España está presente en todo el litoral y también en los saladares del interior.
Pero la familia es mucho más amplia que eso. Incluye plantas sin nada de suculencia, entre ellas varios cultivos alimentarios de primer orden, un puñado de ornamentales de jardín y algunas de las malas hierbas de verano más problemáticas de la agricultura de regadío. Entender qué las une ayuda a reconocerlas en el campo.
Una familia que absorbió a las quenopodiáceas
Durante mucho tiempo se distinguían dos familias, Amaranthaceae y Chenopodiaceae, esta última con las quenopodios, las remolachas, las espinacas y las plantas de marisma. Los estudios moleculares mostraron que la separación no se sostenía, y en la clasificación actual todo ese conjunto forma una sola familia, Amaranthaceae en sentido amplio, dentro del orden Caryophyllales.
Por eso en textos antiguos aparece Salicornia como quenopodiácea, y en los actuales como amarantácea. Es la misma planta y el mismo grupo de parentesco; lo que ha cambiado es el rango que se le da.
Cómo se reconoce
No es una familia de flores llamativas, y precisamente eso es una pista. Sus caracteres son:
- Flores pequeñas y poco vistosas, bisexuales o unisexuales, agrupadas en espigas densas, glomérulos o panículas. A menudo van acompañadas de varias brácteas secas en la base.
- Tépalos escariosos, es decir, membranosos y de aspecto de papel seco, en lugar de pétalos de colores.
- Fruto en utrículo: un fruto seco, indehiscente, con una sola semilla y una cubierta fina, a menudo algo inflada. Hay géneros con cápsulas y unos pocos con frutos carnosos.
- Pigmentos betalaínas, responsables de los rojos y púrpuras intensos de esta familia y del resto del orden Caryophyllales. No son antocianinas, que es lo que colorea a la mayoría de las plantas. El rojo de la remolacha de mesa y el de una marisma de Sarcocornia en otoño son betalaínas.
- En muchas especies, hojas alternas y sin estípulas, a veces cubiertas de un polvillo harinoso característico, como en el cenizo.
Fotosíntesis C4 y vida en suelos salinos
Dos adaptaciones fisiológicas explican dónde y cómo vive esta familia.
La primera es la fotosíntesis C4, presente en un número inusualmente alto de géneros. Es una vía que concentra el dióxido de carbono antes de fijarlo y resulta muy eficiente con calor, luz intensa y agua escasa. Es la razón de que los amarantos y los Salsola crezcan tan rápido en pleno verano cuando otras plantas están paradas.
La segunda es la tolerancia a la salinidad. Las halófitas de la familia combinan varios mecanismos: excluyen parte de las sales en la raíz, encierran el sodio en la vacuola de la célula, fabrican solutos compatibles que permiten extraer agua de un suelo salino, y en algunos géneros disponen de vejigas o glándulas que expulsan sal al exterior de la hoja. La suculencia encaja en ese sistema: hinchar el tejido de agua diluye la concentración interna de sal.
Las suculentas de la familia
Salicornia y Sarcocornia. Son las más características: plantas de tallos verdes, cilíndricos y articulados, con las hojas reducidas a escamas soldadas al tallo, de modo que la planta parece hecha de piezas encajadas. Salicornia agrupa especies anuales y Sarcocornia, perennes de porte más leñoso en la base. En otoño, cuando el tejido envejece, viran a rojo, naranja y púrpura intensos.
Suaeda. Las sosas. Suaeda vera es un arbustillo de hojas cilíndricas, carnosas y grisáceas, frecuente en el borde alto de las marismas españolas.
Atriplex. Los orzagas. Atriplex portulacoides, semisuculenta y de hoja gris plateada, forma manchas extensas en las marismas atlánticas y mediterráneas.
Salsola. Plantas de hojas cilíndricas terminadas en punta espinosa, propias de arenales y suelos removidos. Algunas especies, al secarse, se desprenden del suelo y ruedan arrastradas por el viento dispersando la semilla.
Hay más sobre este grupo en el artículo sobre suculentas de playa o halófitas.
Dónde verlas en España
Las marismas del Guadalquivir, la bahía de Cádiz, las marismas de Huelva, el Delta del Ebro, las salinas de Santa Pola, el entorno del Mar Menor y las rías gallegas y cantábricas son los enclaves donde estas comunidades se ven en buen estado. Ocupan bandas bien definidas según el tiempo que pasan inundadas: las especies más tolerantes en la parte baja, las arbustivas en el borde alto.
Y no todo es costa. Los saladares del interior, en La Mancha, en el valle del Ebro y en zonas de Aragón y Murcia, acumulan sales por evaporación y albergan comunidades muy parecidas sin que haya mar de por medio. Son hábitats raros, muy localizados y bastante frágiles.
De la barrilla al jabón
Estas plantas tuvieron un papel económico importante en España. Las cenizas de varias especies de la familia, quemadas en hoyos, daban un producto rico en carbonato sódico que se conocía como barrilla y que era materia prima esencial para fabricar jabón y vidrio.
Entre los siglos XVIII y principios del XIX, la barrilla del sureste peninsular, sobre todo de las zonas de Alicante y Murcia, fue un producto de exportación de peso hacia el resto de Europa. La industria decayó cuando se desarrollaron los procesos químicos para obtener sosa de forma sintética. Es un buen ejemplo de que la vegetación de los saladares no era un páramo inútil, sino un recurso.
Cultivos alimentarios de la familia
Sin suculencia, pero de la misma familia, hay varios cultivos de primer orden:
- Remolacha, Beta vulgaris, de la que derivan la remolacha azucarera, la remolacha de mesa y las acelgas. Es una sola especie con formas cultivadas muy distintas.
- Espinaca, Spinacia oleracea.
- Quinoa, Chenopodium quinoa, andina, cultivada hoy también en España.
- Amarantos de grano, varias especies del género Amaranthus, cultivo tradicional en Mesoamérica y en los Andes.
- Salicornia, cuyos brotes tiernos se consumen y se cultivan de forma comercial en marismas del suroeste peninsular. Está tratada en el artículo sobre el espárrago de mar.
Un apunte de seguridad alimentaria que conviene conocer: las hojas de espinaca y acelga acumulan nitratos, y las autoridades españolas de seguridad alimentaria recomiendan limitar su consumo en niños de corta edad y no conservar ni recalentar los platos preparados con ellas de forma prolongada. Es una recomendación general de consumo, no un problema del cultivo.
Ornamentales y malas hierbas
En jardinería, la familia aporta las celosías, con sus inflorescencias en plumero o en cresta, el amaranto colgante Amaranthus caudatus, y géneros de follaje coloreado como Alternanthera e Iresine, usados en parterres de temporada.
En el lado opuesto, varias especies del género Amaranthus y el cenizo, Chenopodium album, están entre las malas hierbas de verano más extendidas en los cultivos de regadío españoles. Su combinación de fotosíntesis C4, crecimiento rápido y producción enorme de semilla las hace muy competitivas. A escala internacional, algunas especies del género han desarrollado resistencia a herbicidas y son un problema agronómico serio, motivo por el que su llegada a nuevas zonas se vigila de cerca.
Cultivo de las suculentas de la familia
En un jardín de litoral funcionan muy bien, porque toleran el viento cargado de sal que quema el follaje de las ornamentales convencionales. Las condiciones básicas son sencillas: sustrato arenoso y muy drenante, pobre en materia orgánica, sol directo y riego escaso una vez establecidas.
Un punto que se malinterpreta a menudo: no hay que añadir sal. Una halófita tolera la sal, no la necesita para vivir en cultivo, y salar un sustrato solo estropea el sustrato y daña las raíces. Las plantas se consiguen en viveros de flora autóctona, nunca arrancándolas de la marisma, que es un hábitat protegido y muy sensible al pisoteo.
Vale la pena saber, además, que algunas especies de la familia acumulan oxalatos solubles en cantidades que pueden resultar tóxicas para el ganado que las consume en abundancia. Es un asunto de manejo ganadero, no de jardinería, pero explica por qué ciertas plantas de saladar se consideran problemáticas en pastoreo.
En resumen
Las Amaranthaceae, que hoy incluyen a las antiguas quenopodiáceas, se reconocen por sus flores pequeñas y poco vistosas en espigas densas, sus tépalos secos y membranosos, sus frutos en utrículo y sus pigmentos betalaínas. Son la familia con más halófitas suculentas del mundo, y en España forman las comunidades de Salicornia, Sarcocornia, Suaeda y Atriplex de marismas y saladares.
Más allá de las suculentas, aporta cultivos como la remolacha, la acelga, la espinaca, la quinoa y el amaranto, ornamentales como las celosías, y algunas de las malas hierbas estivales más competitivas del regadío. Para el jardín costero, sus halófitas son plantas excelentes: sol, arena, drenaje y riego escaso, sin añadir sal y siempre a partir de planta de vivero.