Las Aizoaceae son la mayor familia de suculentas de hoja del mundo, con alrededor de dos mil especies concentradas casi todas en el sur de África. A ella pertenecen las piedras vivas del género Lithops, los Conophytum, los tapizantes de flor deslumbrante que cubren rocallas y taludes en primavera, y también Carpobrotus, que en el litoral español es un problema de invasión biológica de primer orden.
Es una familia de contrastes. Reúne desde plantas del tamaño de una moneda que imitan guijarros hasta arbustos rastreros capaces de cubrir un talud entero en dos temporadas. Lo que comparten es el patrón general de la familia: hojas opuestas y muy carnosas, flores solitarias de aspecto radiado y un fruto que se abre y se cierra según la humedad.
Qué distingue a una aizoácea
Hay tres rasgos que la identifican y que conviene conocer porque explican bastante de su biología.
La flor no tiene pétalos verdaderos. Lo que parecen pétalos finos y numerosos, dispuestos en varias filas y de colores intensos, son en realidad estaminodios petaloideos, estambres modificados que han adoptado función y aspecto de pétalo. De ahí ese brillo sedoso y casi metálico tan característico, que las diferencia a simple vista de una margarita, con la que no tienen nada que ver.
El fruto responde al agua. Muchas especies tienen cápsulas higrocásticas: se abren al mojarse con la lluvia y se cierran de nuevo al secarse. Es un mecanismo de precisión notable, porque solo libera semilla cuando hay agua disponible en el suelo, es decir, cuando la plántula tiene alguna posibilidad de sobrevivir. Una cápsula seca de Lithops puesta en un platito con agua se abre en pocos minutos.
Hojas opuestas y suculentas. En los casos más extremos la planta entera queda reducida a un solo par de hojas fusionadas, con una hendidura en el centro por la que emerge la flor.
Antes se separaba una familia aparte, Mesembryanthemaceae, cuyo nombre aludía a las especies que abrían la flor a mediodía. Hoy ese grupo es una parte de las Aizoaceae, pero el apodo se ha quedado: los aficionados llaman mesembs a estas plantas y así aparecen en catálogos y foros de todo el mundo.
Dónde viven
El centro de diversidad es el suroeste de África, y muy en particular el Karoo Suculento y Namaqualand, en Sudáfrica y Namibia. Es una región de lluvia escasa, concentrada en invierno en buena parte de su extensión, con nieblas costeras que aportan humedad y veranos secos y calurosos.
Ese régimen de lluvia invernal es un dato de cultivo, no un adorno geográfico: muchas aizoáceas crecen en otoño e invierno y descansan en verano, justo al revés que la mayoría de las suculentas americanas. Hay además especies en Australia, en el Pacífico y en la cuenca mediterránea, y unas pocas naturalizadas en medio mundo.
Las subfamilias
La familia se divide en varias subfamilias, y dos de ellas, Mesembryanthemoideae y Ruschioideae, concentran la mayor parte de las especies suculentas y prácticamente todo lo que interesa al cultivador. En Ruschioideae están los géneros de piedra viva y la mayoría de los tapizantes de jardín; en Mesembryanthemoideae, el género Mesembryanthemum en sentido amplio, al que se han ido incorporando plantas antes separadas.
Los géneros que interesan
Lithops. Las piedras vivas o plantas guijarro. Cada planta es un par de hojas fusionadas, casi enterradas en el suelo, con la cara superior plana y translúcida que funciona como una ventana por donde entra la luz al interior. El dibujo y el color de esa cara imitan las piedras de su entorno con una fidelidad asombrosa, hasta el punto de que resultan invisibles fuera de la floración. Es mimetismo real, no una figura retórica.
Conophytum. Cuerpos globosos o cónicos diminutos, en grupos apretados, que florecen en otoño. Muchas especies tienen áreas de distribución minúsculas en Sudáfrica y Namibia y han sufrido en los últimos años una recolección ilegal masiva para el mercado de coleccionistas, un problema muy documentado. Todo lo que interesa al aficionado se propaga en vivero.
Otros mesembs de colección. Pleiospilos, con aspecto de canto rodado partido; Faucaria, con hojas dentadas que recuerdan a fauces; Titanopsis, con la punta de la hoja cubierta de tubérculos que imitan roca caliza; Fenestraria, con hojas cilíndricas y ventana terminal; Argyroderma y Cheiridopsis.
Tapizantes de flor. Lampranthus, Delosperma, Drosanthemum y Ruschia son arbustillos rastreros que en primavera se cubren por completo de flores brillantes en rosa, magenta, naranja o amarillo. Son las aizoáceas que más se ven en jardinería mediterránea.
Mesembryanthemum crystallinum, la escarchada, tiene la superficie cubierta de células vesiculosas brillantes que le dan aspecto de estar cubierta de hielo. Es tolerante a la sal y cambia su metabolismo fotosintético al tipo CAM bajo estrés salino, un caso muy estudiado en fisiología vegetal.
Lithops: el cultivo que hay que hacer bien
Las piedras vivas se venden mucho y mueren mucho, casi siempre por lo mismo: regarlas cuando no toca. Su ciclo es distinto al de cualquier otra suculenta doméstica y hay que conocerlo.
La planta produce un par de hojas nuevas al año. Ese par se forma dentro del par viejo y, al crecer, absorbe sus reservas hasta dejarlo reducido a dos láminas de papel seco que acaban desprendiéndose. Ese proceso ocurre en general entre el final del invierno y la primavera, y durante todo ese tiempo no se riega. El agua necesaria sale de las hojas viejas. Regar entonces produce plantas hinchadas, deformes, con dos pares de hojas superpuestos, y con frecuencia el estallido de la planta.
El resto del calendario, adaptado a España, se ordena así: riego escaso desde finales de verano y en otoño, que es cuando florecen y crecen; suspensión del riego en pleno invierno; nada de agua durante la renovación de hojas hasta que el par viejo esté completamente seco; y descanso seco durante lo más fuerte del verano. Sol directo abundante, sustrato casi totalmente mineral y maceta profunda, porque tienen raíz larga.
Aizoáceas en el jardín español
Los Lampranthus son un clásico de los jardines del litoral mediterráneo y del sur, y su floración de primavera es de las más espectaculares que se pueden conseguir sin riego. Los Delosperma aportan algo que casi ninguna otra suculenta ofrece: varias especies resisten bien el frío y funcionan en zonas del interior donde otras aizoáceas no pasarían el invierno.
Como cubresuelos son eficaces en taludes, rocallas, bordes de camino y jardines de bajo consumo de agua. Piden lo de siempre: sol directo, suelo pobre y muy drenante y riego escaso una vez establecidas. En suelo pesado y con riego frecuente se pudren.
Conviene tener presente que algunas especies de esta familia, plantadas como cubresuelos, tienen tendencia a escapar del jardín y a establecerse en el entorno. Antes de usar una tapizante muy vigorosa en una parcela cercana a la costa o a espacios naturales, merece la pena informarse de su comportamiento en la zona.
Carpobrotus: la cara problemática de la familia
Carpobrotus edulis, conocido como uña de gato o higo marino, se plantó masivamente en España durante décadas para fijar taludes y arena en zonas costeras. Es una aizoácea de tallos rastreros gruesos que enraízan en cada nudo y forma tapices continuos e impenetrables.
El resultado ha sido una de las invasiones vegetales más visibles del litoral. Asfixia la vegetación autóctona de duna y acantilado, altera el suelo y desplaza a especies que solo viven en esos enclaves. Su epíteto edulis alude al fruto, que se consume tradicionalmente en su área de origen, en el sur de África, pero eso no cambia nada de su condición aquí.
Carpobrotus edulis figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. Su inclusión conlleva la prohibición genérica de posesión, transporte, tráfico y comercio, así como de su introducción en el medio natural. En la práctica: no se planta, no se compra, no se intercambian esquejes y los restos de una retirada no se tiran al campo ni al compost, porque cualquier fragmento de tallo enraíza. Van al punto limpio o a la fracción resto.
Cultivo general de la familia
- Luz. Sol directo abundante. Con poca luz las plantas se estiran, pierden el dibujo característico y no florecen.
- Sustrato. Mayoritariamente mineral, con pómice, picón, arena silícea gruesa o gravilla. Los mesembs de colección quieren mezclas prácticamente sin materia orgánica.
- Riego. Empapar y dejar secar del todo, y siempre respetando el ciclo de la especie. En los géneros de crecimiento invernal, el verano es de descanso seco.
- Maceta. Con agujero de drenaje y, en los géneros de raíz larga como Lithops, más profunda que ancha.
- Acolchado de gravilla en superficie, que mantiene seco el cuello y evita salpicaduras.
- Abonado. Muy escaso o nulo. Vienen de suelos pobres y el exceso produce tejido blando y deformidades.
- Invierno. El riego con temperaturas bajas y sustrato que retiene agua es lo que mata a estas plantas, no la falta de agua.
En resumen
Las Aizoaceae son la familia más numerosa de suculentas de hoja, con su centro en el suroeste africano, y se reconocen por sus flores de estaminodios petaloideos, sus cápsulas que se abren con la lluvia y sus hojas opuestas y carnosas. Van desde las piedras vivas del género Lithops hasta los tapizantes de flor de Lampranthus y Delosperma, muy útiles en jardinería mediterránea de bajo consumo de agua.
Dos cosas conviene retener. En los mesembs de colección el calendario manda: muchos crecen en los meses frescos y descansan en verano, y en Lithops no se riega durante la renovación anual de hojas. Y Carpobrotus edulis, la aizoácea más extendida del litoral español, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y no debe plantarse ni propagarse.